ENTREVISTAS


  
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Mariano Frogioni es una autoridad musical en Argentina. Muchos grandes intérpretes de Latino América han sido alumnos de este ilustre instrumetista. Como miembro del Quinteto de Vientos del Mozarteum realizó una serie de giras por Europa y Sudamérica. A través de la presente entrevista podrá conocer mejor a este destacado músico.


Esta interesante entrevista fue realizada por  Luis Rossi, y ha sido enviada por el autor como contribución a Clariperu.

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Mariano Frogioni
* Profesor Frogioni, cuéntenos un poco acerca de usted.

Nací  en Recanati, un pueblo en la región de Marches en la costa Adriática, que fué también el lugar de nacimiento del tenor  Beniamino Gigli. Cuando yo tenía cinco años mi  familia  emigró a Argentina, y así comencé mi estudios escolares en Buenos Aires. Estando  en  gira  con     el Quinteto de Viento  Mozarteum,  pude visitar  a  mis parientes italianos en  mi  pueblo  de  origen. Fué una experiencia inolvidable; reconocí mi primer hogar e incluso la puerta de la casa de mi abuela.

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¿Se considera  italiano?

¡A pesar de mi cariño por Italia, yo me  siento  totalmente  Argentino!

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¿Cómo  llegó  a  ser   clarinetista?

Comencé a  tocar   el clarinete cuando tenía once años. Mi padre, como muchos italianos, era  un adicto a  la ópera. Junto  a él  disfruté  de  innumerables  transmisiones  radiales  de  ópera,  y  así  comencé  a  expresar  mi  deseo  de aprender música.  Mi  padre  no necesitó  de mucha insistencia  y una noche se  apareció  con un clarinete de 13 llaves que  venía en un estuche del terciopelo. Aunque la elección del  instrumento fue  suya, nunca  se  me  hubiese  ocurrido cuestionarla, quizás esto sea algo típico de mi generación. ¡Sencillamente, el clarinete era perfecto para mí!  Claro  que  no  tenía  ni  la menor idea de lo que sería  mi vida como músico; pensándolo  bien, creo que Dios inspiró a mi padre. Por  otro  lado, nunca olvidaré a mi primer maestro (curiosamente fui  su primer y único estudiante). Su nombre era Francisco Azaritti  y  era   un muy  buen maestro. Analizándolo en retrospectiva y  con mayor  conocimiento, era también  un gran intérprete.  Tocaba  en  una  banda sinfónica, con una  excelente técnica y el sonido al  estilo italiano. Posteriormente,  cuando  ya  trabajaba   profesionalmente, estudié con el renombrado Roque Spatola, solista  de  clarinete  de la  Orquesta del Teatro de Colón de Buenos Aires. Eso fue muy enriquecedor porque, aparte de los usuales Caprichos de Cavallini, Marasco y Magnani, tuve  la  oportunidad  de  aprender los Estudios de JeanJean, obra  que  en ese  tiempo  era  prácticamente desconocida en Argentina. Pero el legado más importante de Spatola fueron sus lecciones sobre  la  interpretación del  repertorio  orquestal, tanto  en   ópera como  en música  sinfónica. ¡Durante mi carrera con la Sinfónica Nacional, puse a menudo   en  práctica sus consejos!

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Cuando usted comenzaba su carrera, Roque Spatola era reconocido  como  el mejor clarinetista en   Argentina...

Sí, es cierto. De hecho,  Pamela Weston incluyó  a  Spatola en su último libro  sobre  virtuosos  clarinetistas  del  pasado. Otro clarinetistas sobresalientes fueron Filotette Martorella, Luis Carbone y Victorino Sierra, todos virtuosos, gracias a nuestros maestros italianos. Recuerdo que éramos  muy  diestros  tocando  a  primera vista y principalmente  en  transponer las partes escritas  para  clarinete en La.  En  esa  época  se  usaba  el  clarinete  en  Si bemol  modelo  Full Boehm, cuyo  teclado más  complejo  permitía  llegar  hasta  el  Mi bemol  grave.  ¡Y   la moda era tocar todo traspuesto, sin  usar  el  clarinete  en  La!  Recuerdo una vez cuando practicaba detrás  del escenario: el programa incluía la Quinta Sinfonía de Tchaikowsky y el director era Eduard Van Beinum, del Concertgebouw. Se  acercó a charlar conmigo y   le mencioné que tocábamos todo con el clarinete en Sib.  Preguntó: ¿¿Significa que ustedes están transponiendo??  Realmente estaba asombrado (e impresionado!) Aún hoy en día no comprendo, ni siquiera cuando lo veo en perspectiva: ¿Cómo pudimos hacer  algo así?. Sin  embargo, nos parecía natural  en esos días. Creo que con los años, al madurar,     fuimos  gradualmente concentrándonos en el refinamiento musical, el sonido y la expresión, dejando  a  un  lado   la  preocupación por   el virtuosismo.

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¿Cómo llegó a ser  tan conocido en Chile?

Al  comienzo de los sesenta, como muchos otros colegas recibían contratos tentadores de  otros países, yo dediqué un año enseñando y tocando música de cámara   en el Conservatorio de la Universidad de Chile. Mi presentación en Santiago se  realizó con el Concierto de Mozart, dirigido por el director alemán Teodor Fuchs y acompañado por la Sinfónica Nacional de Chile. Después de esa presentación fuí invitado a hacer  la  primera audición del Concierto de Copland. Fué un  tremendo éxito   y  recibí críticas excelentes. Sin  embargo, a pesar  de  todo decidí  regresar a Buenos Aires y a mi posición orquestal en  la  Sinfonica Nacional. Conservo  cariñosos recuerdos de Chile y de mis amigos  chilenos.

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¿Cuándo se integró  a la Sinfóníca Nacional de Buenos Aires?

En 1949, el año de  su  fundación. Al principio fuí segundo clarinete de un  jóven italiano que llegó a ser mundialmente famoso como fabricante de boquillas de cristal. Por   supuesto me  refiero  a Cosme Pomarico, quien regresó a Italia en 1958 para establecer su negocio. Con excepción de  aquel  año en Chile,  trabajé en  la  Sinfónica  hasta hasta mi jubilación en 1992. Tengo recuerdos  maravillosos, acumulados  durante  42 años de  trabajo  junto a  grandes directores como Kubelik, Kleiber, Celibidache, Markévitch, Doráti, Casals, Klecki, Kempe,  Van Oterloo, Ansermet y Martinon. Varios renombrados compositores llegaron también a dirigir, entre ellos Stravinsky, Kachaturian, Villa-Lobos y Copland.

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¿Recuerda especialmente a algún solista internacional?

Claro que sí, tocamos con Janigro, Casals, María Tipo, Francescatti, Brendel, Szerying, Backhaus, Rubinstein, Argerich, Gulda, Brailovsky y también Arrau. Recuerdo la presentación  de Arrau tocando el Primer Concierto para Piano de Beethoven (con el hermoso diálogo  entre piano y clarinete en el movimiento lento). La audiencia respondió con una ovación tremenda, por  lo  que Arrau fué obligado a volver una y otra vez al escenario. ¡Ante  mi asombro, Arrau se  acercó, y  tomándome  de la mano me llevó adelante para compartir el aplauso! Además tuve varias presentaciones como solista y especialmente recuerdo aquellas donde interpreté los conciertos de Nielsen y Hindemith.

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¿Nos podría hablar sobre   las instituciones musicales de Argentina?

El Mozarteum Argentino y la Sociedad Wagneriana organizan las temporadas de conciertos con solistas internacionales y orquestas sinfónicas o  de cámara provenientes  de Europa y los EEUU. El Teatro Colón  ofrece también conciertos y temporadas de ballet con la Filarmónica de Buenos Aires, pero  su  función específica  es  la  temporada internacional de  ópera,   que  se  lleva a cabo  con una segunda orquesta completa  llamada   Orquesta Estable del  Teatro Colón. El Colón patrocina también a la Orquesta Académica, un programa de orquesta juvenil en  desarrollo. Luego tenemos la Sinfónica Nacional -donde yo toqué- patrocinada por el Ministerio de Educación. No lejos de Buenos Aires, las ciudades de Avellaneda y La Plata tienen sus propios teatros donde ofrecen ópera  y temporadas de conciertos. Muchas otras  ciudades en Argentina, como Córdoba, Mendoza, San Juan, Rosario, Santa Fé, Bahía Blanca, Entre Rios, Neuquén y Salta -en la frontera boliviana- cuentan con orquestas sinfónicas.











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¿Cuántos años integró  el Quinteto de Vientos del  Mozarteum?

Fue fundado en 1963, originalmente como  Quinteto de Vientos de la Sinfónica Nacional, y  a  poco  andar  se  adoptó  el  nombre  de Quinteto  de  Vientos  del  Mozarteum, llegando   a ser mucho más prominente, con una agenda  de conciertos, clases magistrales y viajes internacionales. Así  llegamos a Bolivia, Colombia, Perú, México y Venezuela. Realizamos también conciertos en Europa y  Estados Unidos (nuestro debut fue en Miami.) Recuerdo especialmente  los  conciertos en el Carnegie Hall y en la sala de la Orquesta de Chicago. El Quinteto, que recibió el Premio Konex en 1989, dejó  también varias grabaciones.

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¿Ha participado en Festivales Internacionales de Clarinete?

Sí,  en 1988 fuí invitado a participar en el Richmond ClarinetFest, con  un programa dedicado a obras para clarinete y orquesta de compositores argentinos. Desgraciadamente durante el ensayo, ¡una tempestad inundó el vestíbulo y el concierto se canceló! El año siguiente volví al Festival Internacional  de Clarinete en Minneapolis, donde interpreté las obras argentinas con la Orquesta Metropolitana de Minnesota.

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Y acerca de su actividad docente...

Amo la  enseñanza  y  ella  ha sido un intenso elemento a través de mi carrera. Comencé en la Universidad de Chile en Santiago, continuando  luego  en el  Conservatorio Nacional de Buenos Aires y  el  Conservatorio  de  la  Universidad de La Plata. Varios de  mis estudiantes  tocan en orquestas argentinas y del exterior.

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Entiendo que usted estrenó en  Buenos Aires  el Choro para el clarinete y orquesta de  Camargo Guarnieri.

Sí, fue en 1961, con la Sinfónica Nacional conducida por Guillermo Espinoza, quien  era  en aquel tiempo del director de música de OEA. Esta excelente obra se ha interpretado también en Brasil y en los Estados Unidos, pero es muy  poco  tocada en la  actualidad.
¿Y las  obras de los compositores argentinos?
Yo estrené tres obras:   Ofrenda sobre un Tema de Gabriel Fauré  de Jorge Fontenla;  Fases  de Gerardo Gandini y el  Divertimento  para  clarinete y orquesta de cámara de  Osias Wilensky. Cuando participé en el  ClarinetFest  de  Minneapolis, toqué  el  Divertimento  de  Wilensky y la  Contemplación y Danza  de Astor Piazzolla, una obra  temprana que fue  compuesta  mientras  estudiaba con  Ginastera,  es  decir  antes de establecer su famoso estilo de Tango. Estas  obras  son  mencionadas por el clarinetista argentino Carlos Capra en su tesis  doctoral La Música para  Clarinete de Compositores Argentinos  (Universidad de Tejas, Austin 1999) y también por la  clarinetista Diane Fukunaga en la  tesis doctoral  Música para  Clarinete Solo de Compositores Contemporáneos Latinoamericanos (Universidad de Kansas, 1988).

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¿Algún otro  recuerdo  de su experiencia  como solista?

Puedo pensar en tres: primero, mi primera  versión  del Concierto de Mozart en 1958 con la  Orquesta de   Radio Nacional LRA, conducida por Jean Fournet. Luego, una  presentación con el primer concierto de Weber en 1962: la misma orquesta y un jóven director por  entonces desconocido: Zubin Mehta. Finalmente, el mismo  Weber   con la Orquesta de los Amigos de la Música, conducida por Ferdinand Leitner. Posteriormente, el  haber  recibido  el Premio Konex de 1999  al mejor intérprete de instrumentos de viento-madera en Argentina, fue  un   inesperado, emocionante  reconocimiento.

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¿Cuáles son sus obras favoritas en  música de cámara?

Tengo varias, pero hay una que  tocaría cada día: el Quinteto de Brahms, Op. 115.  Además de su enorme contenido musical, está  tan bien escrito para  clarinete que todo suena bien; es un placer tocarlo. Además están  los   Contrastes  de Bartók, obra que hice con el violinista Alberto Lysy y también con León Spierer, un argentino que  desempeñó toda  su  carrera como Concertino de la Filarmónica de Berlín.

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Cuéntenos  algo  de  sus  viajes...

En 1975 mi esposa y yo nos embarcamos en un viaje a Europa. Ya que mezclaba el negocio con el placer -descansando pero también planificando  comprar un clarinete nuevo en París- viajé con  poco equipaje  y sin mis  instrumentos, ¡llevando sólo la boquilla! Nuestra primera parada fue Florencia, para visitar a Pomarico. En esos días, Pomarico era el Solista  de Clarinete de la Orquesta de Cámara de Florencia, pero su negocio de boquillas lo mantenía terriblemente ocupado. Estaba  tan retrasado con  los  pedidos  que me rogó que lo sustituyera en un concierto que  harían en Certaldo, un pequeño pueblo en las afueras de Florencia. Traté de rehusar la invitación, pero eventualmente me convenció: estaba familiarizado con el programa y me prestó sus instrumentos. De  tal  forma  que, de  pronto,  me  encontré  sentado en el autobús de la orquesta, camino a Certaldo  para tocar ese  concierto; sin  ensayo alguno y  sintiendo una suerte  de escepticismo por  parte  de los demás músicos. Para alivio de todos, toqué  muy  bien  y   recibí  muchas  felicitaciones.

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¿Cómo definiría a  la escuela argentina de clarinete?

¡Esa es una pregunta complicada! Pienso que, tanto en Argentina como en cualquier otro lugar, cada músico tiene sus propias y  únicas cualidades. Pero tu pregunta va un poco más allá. En Buenos Aires hay un grupo de jóvenes intérpretes - personalidades individuales aparte- que son de un nivel uniformemente alto. Además de haber  asimilado la experiencia de mi generación, ellos tienen todos los recursos técnicos disponibles hoy en dia: instrumentos mejorados y  un abanico surtido de boquillas y grabaciones de los mejores clarinetistas. Comparándolos   con aquellos que vienen del exterior, me siento muy feliz al  comprobar que los nuestros han alcanzado un nivel internacional. Sin embargo, sus ambiciones son totalmente diferentes de las de mi generación: ellos conocen  todo  el  repertorio, menosprecian las Bandas Sinfónicas (aunque muchos trabajan en ellas) y aspiran integrar  orquestas sinfónicas  y  desarrollar  carreras solísticas. Entre los más  sobresalientes  puedo  nombrar a  Mariano Rey, Guillermo Sanchez, Carlos  Céspedes  y  Matias Tchicourel.

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¿Qué ocupaciones tiene desde su jubilación?

Guío  la sección de clarinetes de la  Orquesta Académica, la  orquesta juvenil  del Teatro Colón. También  enseño clarinete y música de cámara en la Universidad de Lanús, y  doy  frecuentes clases magistrales en conservatorios de  diferentes  ciudades  de  Argentina.
Mariano Frogioni