ENTREVISTAS


  
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Don Paquito tiene mucho que decir, y siempre lo hace con un humor característico, sin dejar de enfatizar su opinión sobre música, su recordada e inspiradora Cuba o la vida.

El siguiente reportage-entrevista fue publicado en la revista Milenio Semanal, el domingo 3 de agosto del 2003 en México. El texto completo fue  enviado a la Lista de Interés de Clariperu por Iván Martinez. ¡Muchas gracias Iván !
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Paquito de Rivera
Paquito D’Rivera
En la distancia, se agiganta la patria


El músico de origen cubano, solista invitado al concierto de clausura esta semana en el Palacio de Bellas Artes de la gira de la Orquesta Juvenil de las Américas, habla en entrevista de su affaire con la música brasileña, la trascendencia de Celia Cruz, los nuevos rumbos del jazz y, por supuesto, de la situación en Cuba. Ultimamente Paquito D’Rivera (La Habana, 1948) sostiene un affaire con la música brasileña, porque, como dijo alguna vez: de no haber nacido cubano, le habría encantado ser brasileño. Después de realizar Brazilian Dreams (MCG Jazz, 2002) con el grupo vocal New York Voices, ha estado de gira con ellos y lo mismo ha viajado a las grandes capitales europeas que a un pequeño poblado de Alemania. Allí le sorprendió la muerte de Celia Cruz. Apenas unos días después del entierro de la gloria de la música cubana, desde su casa de Nueva York, el saxofonista recuerda el episodio. “Estaba haciendo este concierto de música brasileña en un pueblo pequeñito y cuando dije: ’Voy a tocar una pieza de Lecuona dedicada a Celia Cruz’, me acuerdo que sonó una campana de la iglesia: ¡Tang! Fue una casualidad de la vida. ¡Y todos los alemanes se pararon a aplaudir! ¡En un pueblito de Alemania! Hace rato estaba pensando si debería escribir algo para ella, pero tendría que ser algo muy especial. Una pieza sinfónica o quizás una obra de cámara con voz, con una buena soprano.”  La relación con Celia viene de muchos años atrás, desde que era niño y solía acompañar a su padre, también músico, a la tienda de instrumentos que éste tenía en La Habana. “Allá iba Pedrito Knight (marido de Celia), igual que tantos otros músicos, como Lecuona y Ernesto Chocolate Armenteros. Cachao iba por cuerdas y una vez compró un contrabajo. Pedrito iba a comprar la trompeta Martin, que era la que vendía mi papá y estaba de moda. Muchos trompetistas iban a la tienda, incluyendo a Chico O’Farrill. Así que conocí a Pedrito y a Celia desde niño. “Además de que fuimos amigos, Celia ha sido una constante en nuestra vida, ha sido una constante en la vida de todos los cubanos. No sólo fue la cubana más famosa sino la más universal. Es un animal raro, algo extraordinario.” Paquito se contiene, algo extraño en este hombre de hablar volcánico, como cuando toca. “A veces uno no encuentra palabras. Mira: te voy a hacer un cuento, porque yo también soy escritor. He escrito muchísimos artículos y me pidieron uno para el Herald y otro para La Raza. Estaba en Alemania y durante una semana no pude escribir porque nada me parecía suficiente. A última hora me desperté por la mañana con el bombillo encendido y ¡pum! pude escribir un artículo, porque nada me parecía suficientemente bueno. ¿Cómo me podía explicar la trascendencia y el hueco que deja Celia Cruz? La manifestación de duelo aquí fue tan extraordinaria que no creo que vuelva a haber algo así en mi vida”.

Del Jazzpar Prize a las frutas podridas

A la pregunta de qué significa para él estar nominado para el Jazzpar Prize, distinción que anualmente otorga el gobierno danés y que es el equivalente del jazz al Nobel, Paquito comenta: “¿Tú sabes que yo no sé qué es eso? Aquí dice eso. Aquí mismo dice: The Jazzpar Prize”, agrega como si nos estuviera enseñando un papel. Le recuerdo que uno de los premiados fue Lee Konitz. “Es una de mis influencias y nadie habla nunca de eso. Me gusta porque si escuchas esas grabaciones viejas con Lennie Tristano, cuando todo mundo trataba de imitar a Charlie Parker, él tocaba una línea muy distinta. Y también la forma de soplar el saxofón era totalmente distinta. Él y su compañero Warne Marsh, en el tenor. Tuvo una gran influencia en mí, pero parece que yo la devolví de otra forma aunque casi nadie se da cuenta. La única persona que lo advirtió fue Claudio Roditi, quien me lo trajo una vez a un sitio donde yo tocaba. ’Mira —me dijo—, te lo traje porque tú tienes una influencia tremenda de él. Hemos tocado un par de veces juntos y lo admiro mucho”. Al premio también están nominados el vibrafonista Bobby Hutcherson, el contrabajista Marc Johnson, el pianista Steve Kuhn y el baterista Aldo Romano. “¡Mira eso, qué combinación! Son gente brillante. Ah bueno, estoy en buena compañía. ¡Ojalá que pierdan! ¡Coño, pero qué cosa, está difícil la pelea!”, remata con una carcajada a la que habrán de agregarse muchas más.
El saxofonista también está nominado al Grammy Latino en la categoría de mejor álbum clásico por Historia del soldado (DDR, 2002). El que se haya instituido estos premios puede significar que la música latinoamericana deja buenos dividendos a la industria discográfica estadunidense o que, en todo caso, hay un reconocimiento a las aportaciones de nuestros músicos. Debe haber una buena intención en eso, admite Paquito. “Supongo, pero como yo me ocupo tan poco del tema, no me atrevo a dar una opinión de si eso fue conveniente hacerlo. No me atrevo a hablar de lo que no sé”.

En 1997, Paquito ganó un Grammy por Portraits of Cuba (Chesky, 1996 ). En esa ocasión, recuerda, Enrique Iglesias les ganó a José Feliciano y Luis Miguel. “¡Coño, verdad que está cabrón eso! Está un poco fuerte porque son dos cantores muy bravos. Si hubiera sido con otros muchachitos de su categoría, de su edad, bueno más o menos puede pasar, pero contra Feliciano que es una institución y contra Luis Miguel, que tiene una gran voz. Pero bueno, esas cosas pasan, aunque cada vez es más seguido.” La excesiva comercialización en la música, considera D’Rivera no es un fenómeno nuevo. “Creo que eso ha pasado siempre y cada vez es peor. La fruta va madurando, se pudre y se apesta. Después no mejora. ¡Esas frutas ya están fritas, están podridas!”, remata entre risas.
















Siempre nuevos rumbos

A diferencia de otros músicos que se encierran en un estilo, Paquito pertenece a esa estirpe que, de manera constante, nada en otras corrientes. Esto ha dado como resultado cambios en la dirección de esa música que solemos llamar jazz. “Parece que sí. Yo, por ejemplo, no es que me esté alejando del jazz, para cada vez lo estoy mezclando con otras cosas, pero sin llamarlo de ninguna forma. Estoy tocando otra cosa y utilizo muchos elementos de la música de toda América Latina. Parece que con esto de la globalización, quiero decir con la parte positiva que son las comunicaciones, uno está recibiendo influencia de todos lados. Pienso que eso es muy positivo porque la gente se conoce más y enriquece su música. Pienso que estamos yendo hacia otro lado, no sé pa’onde, y a lo mejor no me va a dar tiempo de enterarme, pero es bueno lo que está pasando.” Las influencias, en el caso de Paquito, también provienen del pasado, de la música de concierto. Cuenta que últimamente está tocando mucho a Brahms. “Tengo un pianista maravilloso que se llama Alon Yavnai. Fíjate si es bueno: estuve ensayando con Yo-YoMa en la casa y le pedimos que nos acompañara, y él me preguntó: ¿Y este hombre de dónde lo sacaste? Bueno, le respondí, de aquí de Nueva York. ¡Pues él viene del cielo!, me comentó. Con él hago mucho Brahms, que es un compositor que entre la melodía y el bajo, dentro de las notas, tiene un montón de cosas escondidas.” También disfruta mucho a Stravinsky, de quien grabó el año pasado la primera versión en español de Historia del soldado. “La narradora es alguien que debes conocer, Nacha Guevara. La obra que es para ocho instrumentos y un narrador, pero Stravinsky tiene una versión para trío, violín, piano y clarinete. En esta reducción se encuentran un montón de cosas bien interesantes. Me he dado cuenta de que todos ésos son elementos que, inconscientemente uso en mis improvisaciones y salen otras cosas.”

Una geografía divertida y complicada


Charlar con Paquito D’Rivera es exponerse a una sobredosis de buen humor. Por ejemplo, al inquirirle sobre su experiencia de haber trabajado con Yo-Yo Ma, cellista que no conoce las fronteras a la hora de tocar música, lo primero que se le viene a la cabeza es afirmar: “¡Es un vacilón el chino ése! ¡Es un tiro! Es un tipo de un carácter extraordinario y un virtuoso del instrumento. Toca como Dios. Si yo tocara el violoncello, tocaría así. Pero lo mejor que tiene es su carácter. Es como Celia Cruz. Lo mejor que tenía no era su voz sino el carácter. Yo-Yo es un tipo que siempre tiene ganas de aprender algo y no tiene el menor complejo de decir: enséñame cómo es esto porque no sé cómo funciona esta mierda. Y eso es muy agradable, porque un tipo de esa talla no trata de imponerte su concepto sino que te pide que le enseñes. Eso es muy bonito, una experiencia verdaderamente muy agradable. Hace como 20 años que habíamos hablado de hacer algo juntos, pero nunca se había dado la oportunidad hasta ahora”.

Torero húngaro

Compartir su nacionalidad con José Martí es uno de los orgullos de Paquito, pero afirma que la mitad de su corazón es brasileño. “Me fascina la música de Brasil. Pienso que, de todo este hemisferio, es la gente que mejor hace un balance entre ritmo, melodía, armonía y letra.” Aunque no ha llevado su proyecto carioca a Brasil, lo ha presentado en Alemania, Francia y Holanda, y está a punto de embarcarse a China y Japón. ¿Cómo lo reciben en Japón? El saxofonista ríe: “¡Son raros! Hay que tener mucho cuidado con lo que dices porque todo se lo toman en serio y lo escriben en los periódicos y todo. Una vez dije que mi nombre era Paquito D’Rivera, pero que realmente no era cubano sino que era un torero húngaro. ¡Al otro día lo pusieron en el periódico! Son gente que expresa su alegría y su entusiasmo de una forma a la que no estamos acostumbrados. Nosotros, cuando nos gusta algo, gritamos y pataleamos. Ellos te hacen la vida imposible hasta el final y piensas que no te quieren. No como los mexicanos que te gritan en medio de la pieza: ¡Paquiiiito, te queremos! (o ¡te odiamos!, si no les gusta). Los japoneses no te dicen nada; permanecen callados hasta el final, pero después no quieren dejarte ir”. El próximo 13 de agosto, Paquito D’Rivera será el solista invitado de la Orquesta Juvenil de las Américas, dirigida por Christopher Wilkins, durante un concierto en el Palacio de Bellas Artes. La agrupación está conformada por un centenar de jóvenes de diversas nacionalidades que el pasado 19 de julio iniciaron un recorrido por países como Panamá, Ecuador, Brasil, Uruguay, Argentina y Perú. Para el saxofonista y clarinetista México es un sitio muy especial. “Como dicen por ahí: como México no hay dos. Recientemente estuve ahí con la orquesta de Chico O’Farrill e hice un homenaje a Gershwin y a Lecuona en el Zócalo que quedó lindísimo. Participar con esta orquesta es muy lindo porque hay chamaquitos de toda América; han seleccionado a muchachos de todo el continente. En un momento que la gente está peleándose por todos lados y cayéndose a bombazos y a balazos, ésta es una orquesta para la paz. Es un proyecto muy bonito, estoy orgulloso de ser parte de él.”

Cubanía: política y música


El tiempo para las carcajadas se suspende al abordar la situación de Cuba en los últimos meses, aunque el humor negro retorna de manera inevitable. “Es tan triste que todavía alguna gente quiera apoyar eso. No hay forma de justificar esa matanza. Como dijo en Nueva York Charles Rangel, un congresista que era amigo de Fidel Castro, cuando mataron a esos muchachos que se robaron el barco: ’Coño, cómo puedo justificar yo que maten a tres negros por robarse un bote, chico.” Grandes polémicas ha despertado el castigo que el régimen cubano aplicó contra un grupo de intelectuales acusados de disidencia, entre los que figuran Raúl Rivero. “Mi amigo el gordo Rivero, que es uno de los poetas más importantes de Cuba, le echan 20 años y lo acusan de escribir. Lo acusan de tener una computadora, ni siquiera una microcosa para transmitir; no, una computadora donde escribe, una serie de libros suyos y un sobre con sus artículos. ¡Qué clase de acusación es ésa: 20 años! Oye, ¡para que a uno le echen 20 años tiene que haber matado a su abuelita el Día de las Madres! Es muy triste, pero también es triste que intelectuales de categoría alrededor del mundo firmen cartas apoyando eso. Vaya, me parece ridículo.”  Sin embargo, a pesar de sus opiniones políticas, Paquito no deja de reconocer el valor de la cubanía en su música. “Dicen que tú puedes sacar a un cubano de Cuba, pero no puedes sacar a Cuba del corazón de un cubano. Siempre cito aquello que dijo Lydia Cabrera, la folclorista, quien salió exiliada a París creo que en 1961. Ella dijo: ’Descubrí a Cuba a orillas del Sena’. A mí me pasó lo mismo. Cuando vivía en Cuba estaba más inclinado hacia la música de jazz, de Stravinsky, pero sobre todo a la música americana. Quizás era también mi rechazo al sistema, pero cuando salí me di cuenta del tesoro que era la música cubana, pero no la que se ha hecho más popular, que es reiterativa y hasta boba, sino de la parte que no se escucha. Eso le descubrí en el exilio; en la distancia la patria se agiganta.” Eso nos lleva a hablar de Buena Vista Social Club. ¿Considera Paquito que fue un fenómeno comercial o un interés genuino por la música? “Hubo un genuino interés de Ry Cooder, que vio un filón de dinero en eso, pero esos músicos estuvieron olvidados durante muchísimo tiempo. ¿Viste el documental? Yo no recordaba a Ibrahím Ferrer. Me dijeron: ’Ese cantaba coros con Pacho Alonso. ¡Coño, no me acuerdo! Pero en el documental cuenta que estaba retirado, limpiando zapatos, totalmente olvidado hasta que vino ese gringo y lo sacó del hueco. Ahí está Cachaíto también. Bueno, fue bonito”. En seguida se pregunta con grandes risotadas: “¿Pero de dónde sacaron a Compay Segundo? Jamás en mi puta vida oí hablar de Compay Segundo y ¿cómo se las arreglaron para esconderlo durante ochenta años? ¡Es un misterio! Mira: saca la cuenta. Él tenía 95 años cuando murió y el Buena Vista Social Club todavía no cumple 10, o sea que estuvo escondido 80 años o más. ¡Además de que es difícil esconderse en Cuba! Pero, bueno, me alegra que al menos tuvo su filón, porque la verdad es que tocaba bonito su instrumento. Los medios lo endiosaron, pero eso es típico, menos mal que endiosaron a un tipo que por lo menos tocaba bonito. He visto endiosar a cada cosa que dices: ¡Coño, a este tipo debían prohibirle cantar por decreto!”

De pronto están los músicos que admira y de los que se nutre, aunque no siga su estilo. “Son como una inspiración. Celia Cruz, por ejemplo, yo no sigo ese tipo de música pero ella ha sido una inspiración para nosotros. ¡Hay tanta gente! A Ron Carter le preguntaron sobre quiénes son sus principales influencias y dijo: ’Cualquiera que toque bien, inclusive gente joven’. A mí me pasa igual.”  Si alguien lo ha inspirado, agrega, es Wynton Marsalis. “No es una influencia, porque yo soy mucho mayor que él, pero sí es una inspiración lo que ha logrado y cómo ha traído prestigio a los chicos de raza negra. Ese muchacho es una inspiración”. Sin embargo, el trabajo del trompetista es muy controvertido, advertimos. “Uno puede estar de acuerdo o no con un artista, pero cuando sacas la cuenta de las cosas positivas y negativas, son muchísimas más las positivas. Por ejemplo, hay un periodista aquí que no voy a nombrar porque es un tipo insoportable y pelea con todo el mundo, no vale la pena nombrarlo, pero dijo: ’Desde Leonard Bernstein nadie hizo más por la educación musical en este país que Wynton Marsalis’. ¡Coño, y es verdad! Leonard Bernstein fue quien más hizo por la educación y por mezclar las músicas: fue músico de jazz, hizo música sinfónica, grabó todas las sinfonías de Mahler, hizo a Max Bruch en televisión, de todo. Nadie había hecho nada de ese calibre desde que llegó Wynton Marsalis y eso es innegable”. Pero, agregamos, ¿no es vergonzoso que esto tenga que hacerlo un músico y no las instituciones que están obligadas a hacerlo? “Pero eso es típico, no es nada nuevo”. Al menos, agregamos, en Cuba sí hay muchas escuelas. “Sí, hay escuelas: pero allá te dan el lápiz y te quitan el papel. Te enseñan a leer pero luego te quitan el libro o te dicen lo que tienes que escribir y leer. Aquí había una comediante muy graciosa y muy ácida, que andaba con un acordeoncito como de payaso, no recuerdo su nombre, pero decía las cosas más tremendas. Decía: ’Tengo la solución para acabar con el hambre en el África’. ¿Cuál es?: ’La bomba atómica’. ¡Coño, pero así cualquiera! En Cuba es lo mismo: todas esas escuelas y hospitales, pero después no te dejan hablar ni hacer nada. Tienes que ser un esclavo eternamente del sistema. Por el otro lado, los gobiernos ladrones de Latinoamérica no cumplen con su deber. Y entonces, como decía mi abuela, aquellos polvos trajeron estos lodos”. Con Paquito D’Rivera hasta los temas más álgidos van irremediablemente sazonados por una carcajada, una frase de humor negro certero, algo que heredó de su madre. “Mi mamá tiene muy buen sentido del humor y mi papá era un bromista tremendo, pero se amargó mucho en el exilio, no quiso tocar más. Además pienso que es un poco parte del carácter cubano”.

Paquito tiene sus añoranzas de Cuba, pero se centran en aquello que, dice, ya no está. “Lo que más extraño es lo que ya no existe. Realmente Cuba no fue el desbarajuste que quieren cantar; tenía muchísimas cosas buenas y otras muchísimas malas. Por ejemplo, México también tiene cosas muy malas también”. Como nuestro presidente, acotamos. “Qué bueno que puedes decirme eso por teléfono y luego escribirlo en una revista. Eso es un tiro. Ustedes pueden usar la boca para hablar y comer.”
Paquito de Rivera